Siempre en el contexto chileno.Los personajes reales, representados en las teleseries de este paìs son los menos interesados en que la èlite de actores nacionales les enseñe còmo hablar, còmo bailar o comportarse, ni mucho menos de què discutir en la mesa familiar. Quisiera que nuestros actores no fueran simplemente una manga de vagos. Es una pena tener que generalizar y meterlos a todos en el mismo saco, pero ya està bueno que dejen de creerse "la cremm de la cremme".Existe un grupúsculo intocable:¡Son los ùnicos que nunca quedan cesantes!.
Sì, porque por ùltimo hacen una teleserie acerca de la cesantìa. Aquì les va un consejo: olvìdense de representar la pobreza, la delincuencia o cualquier clase de conflictividad relativo a los sectores menos favorecidos si no lo han vivido en el propio pellejo.¡Manga de zànganos! Se lo viven de "carrete en carrete", ya sea aquì o en Europa, o en el paìs vecino.
Para què hablar de las càbalas, ritos, hechizos màgicos y traiciones mutuas donde sòlo sobrevive el màs chacal.
Para què hablar de los personajes no Chilenos a los que hay que hacer figurar obligatoriamente para que el ciudadano se adapte al "proceso de globalizaciòn".¡Somos buenìsimos para eso!
Somos el reverso de la palabra xenofobia, habrìa que decir que padecemos de "xenofilia", ya que todo lo que suene a gringo nos gusta.
Y para què insistir sobre el tema si a los gobiernos no les compete en tanto no sea funcional al "staf" de turno.
Arturo Moya Grau a pasado a la historia, ya no vale la pena tanto trabajo. Ahora se les pregunta por telèfono a los teleconsumidores:¿Còmo va a querer el final?